Senderos
Los caminos salen desde las cabañas y se meten en el parque: bordean el arroyo, cruzan la arboleda y suben hasta la ladera. No hay circuito obligado ni tiempo estimado. Se camina hasta donde uno quiera y se vuelve por donde le parezca.
Entre el Cristo de la Sierra y la reserva natural de Sierra del Tigre, en el valle interserrano de Tandil.
Veinticinco hectáreas son unas cincuenta canchas de fútbol: alcanza para caminar una hora entera sin cruzarse con nadie, que es más o menos el punto.
La fauna
No hay corrales, ni recorrido guiado, ni horario de visita. Los animales andan sueltos por las veinticinco hectáreas y aparecen donde se les da la gana: mientras desayunás, en el camino a la pileta, del otro lado del ventanal a las siete de la mañana.
Se acercan por decisión propia. Algunos comen de la mano y otros prefieren mirar desde lejos, y esa distancia la eligen ellos. Lo único que pedimos es respetarla.
Los caminos salen desde las cabañas y se meten en el parque: bordean el arroyo, cruzan la arboleda y suben hasta la ladera. No hay circuito obligado ni tiempo estimado. Se camina hasta donde uno quiera y se vuelve por donde le parezca.
En medio del parque, levantada con piedra de la zona, hay una capilla pequeña. No está señalizada ni aparece en ningún folleto: se llega caminando y casi siempre se la encuentra vacía. Es de los pocos lugares del predio donde no se escucha absolutamente nada.
Los puntos más altos del terreno abren la vista sobre el valle interserrano. Desde ahí se entiende la escala del lugar: las sierras cerrando el horizonte, el parque abajo y las cabañas apenas asomando entre los árboles.
Estamos sobre la avenida Don Bosco, en el valle interserrano de Tandil: la franja que se abre entre dos cordones de sierras y que, para muchos, es la zona más linda de la ciudad. Los vecinos son el Cristo de la Sierra, a pocos minutos, y la reserva natural de Sierra del Tigre, que cierra el paisaje por detrás del parque.
El centro de Tandil queda cerca en auto, lo suficiente para bajar a cenar y volver sin que el día se haga largo. Pero apenas se entra al predio esa cercanía deja de notarse: no hay ruido de avenida ni luces de la ciudad.
Las cabañas están construidas en madera, con ventanales grandes orientados al parque. La idea es sencilla y no cambió nunca: que el paisaje entre solo, sin que haya que salir a buscarlo.
Doce propuestas distintas dentro del mismo valle, del refugio para dos a la cabaña para toda la familia.
Ver las cabañas